
EL GESTO DEL MATADOR
Cuando vi al Matador Salas haciendo ese estrambótico gol a Cobreloa el año ´94, me fijé en su particular forma de celebrar los goles: eso de combinar una abrochada de zapatos con hacer parar la micro y una pizca de filosofía griega. Una técnica particular, firma del talento con el que nuestro equipo logró ser campeón en diciembre de ese mismo año.
Su gesto fue adoptado por miles de hinchas como una forma de celebración y yo, siguiendo a las masas, también fui parte de ese cuento. Lo adopté como una forma de vida que acompañó los más grandes momentos.
Como ejemplo, el día que cumplí siete años me llevaron de paseo a Fantasilandia. Fue muy bacancito, pero lamentablemente me perdí. La cantidad de público que se junta en diciembre hizo que mis padres y yo perdiéramos el contacto. Como supe altiro que ese momento sería especial y que nunca debería olvidarlo, hice el saludo del matador entre la multitud que hacía la fila para los autitos chocadores.
La segunda vez más especial, fue en las aguas del Quisco. Ahí quise dármelas de surftista. Tenía sólo 12 años y creía que ya estaba en edad de practicar deportes extremos. Tomé la tabla de body-board por la que había dejado el carnet de identidad y quina para partir mar adentro. Eso, sin esperar que justo la ola más grande de la jornada fuera la que me iba a recibir. Así no más fue y mi poca "expertis" hizo que sólo me diera infinitas vueltas dentro del agua. Como si fuera llevado por un torbellino. Ahí bajo las profundidades marinas, otra vez hice el gesto del matador para nunca olvidar ese momento y pensar dos o tres veces cuando quisiera dármelas de surfeador.
La tercera vez que lo hice, fue algo más tranquilo. Me había juntado con mis amigos Antoszek, Franek y Jasiek (unos amigos exiliados europeos) a ver el final de Aquelarre, la teleserie de Tvn. Ahí les aposté que en el último capítulo nacería un hombre en el pueblo y que Emilia se quedaría con Juan Pablo. Ellos, que perdieron la apuesta, tuvieron que rendirse ante mis profecías y dejar diez lucas cada uno. Con los billetes en la mano, me dispuse a hacer el gesto del matador ante la atónita mirada de los cabros de Europa.
Ahora con el paso del tiempo, veo que este ídolo se retira. Que ese gesto que me marcó por tanto tiempo ya no irá más de manera oficial. Que el matador dejará de vestir la camiseta azul que tantas alegrías y penas nos ha dado. Un ídolo que ha sido imitado en la forma de hablar, pero no en la de jugar.
Ahora le deseamos suerte y ojalá que ahora, cuando da un paso al costado del fútbol, no se lesione. ¡GRANDE MATADOR!
Shileeeeenoooo,
Shileeeeenooooo...
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Shileeeeenooooo...
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2 comentarios:
Mañana creo que será uno de aquellos días en que tu dedo se alzará al sol azul del matador!!
Cami:::
Y es con este tipo de entradas como se comienza a matar un muy buen blog
Me aburrooooooooooooooo
ya esta bn, igual te amo =)
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